Café, tapas y cócteles en la Plaça de Sant Sebastià, delante de la iglesia y a dos minutos del Botànic. De las diez de la mañana a la una.
Desayunamos a las diez. Tapeamos a cualquier hora. Los perros entran. Los domingos, cuando sale la misa, la plaza es nuestra. La última copa, a la una.
El local está forrado de carteles de variedades de hace un siglo; la web pone el nombre como un cartel. Wordmark enorme en grotesk pesada (como Pati o Cocció), rojo ladrillo sobre arena, y las fotos reales de los carteles pisando las letras como si estuvieran pegados encima, con un parallax ligero. Sin papel viejo ni sepia: la textura la ponen las fotos.
Café, tapas y cócteles en la plaza de la iglesia, en la antigua Casa de los Obreros.
Desayunos desde las diez, tapas a cualquier hora, cócteles hasta la una. Terraza bajo los árboles, perros bienvenidos, el Mercat de Rojas Clemente a una esquina.
La parte que su web no cuenta: la noche. Verde profundo (el de las vidrieras del local, apagado), serif fina enorme, una sola palabra en rojo. La foto entra por una máscara y la lista de cócteles y tapas funciona como en Casa Albar: al pasar el ratón aparece la foto flotando. Un hero de bar de cócteles sin negro ni «masculino»: verde, crema y luz.
Cócteles y tapas bajo las lámparas rojas, en la plaza de Sant Sebastià. Terraza mientras aguante el tiempo; dentro, madera y carteles.
La más atrevida y la más sencilla a la vez: la home es la carta. Los platos, en mayúsculas enormes, uno debajo de otro; al pasar el ratón sale la foto real del plato flotando y la fila se enciende en rojo. Nada más arriba que una frase y los datos. Debajo, la sala a toda anchura con una frase. Hueso, tinta, un rojo.